LA VERDAD
Órgano informativo de Convergencia para la Democracia Social
Guinea Ecuatorial, Nov. 2006- Enero 2007, NÚM. 58    


LA VERDAD
Número 58, nov.2006 - enero2007
 

 

OPINIÓN

MUERTE DE UN DICTADOR

Hace unas semanas por las pantallas de televisión de todo el mundo se vieron las imágenes de la vil ejecución y muerte del ex – dictador iraquí Sadam Hussein, uno de los más sanguinarios dictadores que ha habido en el Oriente Medio. Sadam Hussein tiranizó a su país, el cuarto productor de petróleo del mundo, desde 1979, año en que accedió al poder mediante un golpe de Estado. Durante el tiempo que presidió Irak los crímenes que perpetró contra quienes consideró sus enemigos políticos estuvieron al orden del día: guerra sangrienta contra  Irán con la anuencia complaciente de Occidente con los Estados Unidos a la cabeza; invasión de Kuwait; matanza a kurdos y chiíes, etc...

El comentario que hacemos no es un relato de la trayectoria política del ejecutado tirano, ni de las guerras que sostuvo con su vecino Irán o de las dos con los Estados Unidos, sino una especie de alegoría sobre cómo suelen acabar quienes como Sadam Hussein no paran  mientes en pisotear, masacrar y librarse a todos los  excesos cuando se encuentran en lo más alto del poder. El ejecutado dictador iraquí por ahorcamiento fue un claro ejemplo de esta raza execrable de gobernantes que se suben al olimpo de los dioses terrenales: no conocen los límites en el ejercicio del poder y a partir de esa constatación, nadie, absolutamente nadie puede opinar distinto respecto de los designios del dictador so pena de que se quiera jugar la propia vida, o sea, ser reo de muerte. Los ciudadanos se convierten en súbditos y juansíseñores ; los bienes del país pasan a ser un patrimonio personal del sátrapa y sus familiares, con la participación de algunos bufones que se dedican a ensalzar las excelencias de quien los ha sentado a su mesa, y aquí paz y después gloria.

Porque los gobernantes de este jaez creen que todo lo hacen bien y, lógicamente, nunca se equivocan. Son los guías supremos de la nación a los que hay que adorar y pedir consejo porque son omniscientes, omnipotentes y omnipresentes. Tienen el don de la ubicuidad, por lo que están en todas partes y en el mismo momento y, claro, no se puede hacer nada sin la anuencia de estos dioses hechos hombres. No cometen nunca errores, porque para eso están los comunes mortales  a los que, por supuesto, se castiga con el rigor que se merece cuando toca el momento de cargarle el mochuelo a alguien.

Sadam Hussein, como muchos de sus congéneres, vivos o muertos, se creía estar por encima del bien y del mal y no dudaba en matar a sus enemigos, y también a sus colaboradores, por cualquier nimiedad que no fuera de su agrado. Recuérdese que en una reunión de su gabinete ministerial golpeó repetida y  brutalmente en la cabeza a uno de sus ministros con un bate de beisbol hasta darle muerte; o que cuando se le aplaudía nadie osaba dejar de hacerlo hasta que él mismo decidía poner fin a la claque. En fin, casos y cosas de gente, en realidad estúpida, que pierde el sentido de la mesura por creerse que todo les es permitido por ser quienes son.

Otra de las carencias de este tipo de déspotas es la ausencia de memoria histórica: no suelen recordar que algunos como ellos terminaron  delante de un pelotón de fusilamiento o debajo de una horca. No. Procuran desechar de su pensamiento cualquier idea que se asocie con la muerte, es decir, no suelen querer pensar que algún día podría sucederles algo parecido, y en el supuesto de que la idea se les cruzara por la mente lo que hacen siempre es una huida hacia delante: “que mis enemigos hagan lo que hice para estar en el lugar que ocupo ahora”. Esta frase se ha oído en nuestro país.
También se olvidan los tiranos de otras lecciones que la historia nos cuenta. Si quieres estar mucho tiempo machacando a los tuyos, no te enfrentes nunca con quien es más poderoso que tú. A éstos ofréceles hasta tus posaderas si te lo piden, pero jamás se te ocurra tratarlos de igual a igual. Sadam Hussein estuvo protegido por los Estados Unidos en su guerra contra Irán de los años 80, recibiendo armamento y munición además de asesoría, pero tuvo la peregrina ocurrencia de invadir Kuwait y George Bush padre le paró los pies y ya nada volvió a ser lo mismo. Se creyó ingenuamente que era un alter ego del presidente americano.

El amigo de ayer se convirtió en enemigo mortal, y el otro George Bush, el hijo, acabó de rematar la faena dándole la patada donde la espalda pierde su honesto nombre, o sea, en el trasero. La continuación de la historia la conocemos todos: se le detiene en un zulo donde se encontraba escondido lleno de mugre y muerto de hambre y de frío en diciembre de 2003. Uno de los suyos dio el chivatazo a los americanos a cambio de un buen puñado de dólares.

Hace unos días se le ahorcó en unas condiciones humillantes y alguien se encargó de filmar los últimos momentos de quien se consideraba el padre de los iraquíes con el semblante lloroso pronunciando sus postreras palabras. “Alah es grande y Mahoma su  profeta”. “Sic transit gloria mundi”, o lo que es lo mismo, pero en español, “así acaban las glorias del mundo”.
Pero los iguales a Sadam Hussein seguirán pisoteando a sus propios conciudadanos en cualquier lugar de la geografía del globo terrestre siempre pensando: “A mí no puede ocurrirme eso”, pero les suele ocurrir las más de las veces. ♣ 

Arriba

 

Ricardo Mangué critica... las políticas de contratación de personal de las empresas

La agencia EFE ha difundido hoy desde Malabo el siguiente despacho: "El Primer ministro de Guinea Ecuatorial, Ricardo Mangué Obama, criticó hoy a las empresas extranjeras afincadas en el país de violar la ley que limita la contratación de empleados extranjeros, y calificó de 'exagerado' el número de sus trabajadores no nacionales, informó la radio estatal.

Así lo manifestó Mangué Obama en una reunión mantenida con más de cien representantes de dichas sociedades, cuyos nombres no han sido precisados por la emisora nacional. El Jefe de Gobierno manifestó a los reunidos haber constatado 'irregularidades múltiples en la contratación de los trabajadores extranjeros'.Nombrado el pasado agosto, Mangué Obama se quejó de la 'presencia exagerada de empleados extranjeros ilegales en puestos que deben ser ocupados por guineanos'.Según dijo, varias empresas no respetan 'la cuota oficial' que estipula que el número de empleados extranjeros de una sociedad no puede sobrepasar el 10 por ciento de su plantilla. En las empresas petrolíferas, donde se necesita mano de obra cualificada, la cuota es del 30 por ciento.La radio ha anunciado la intención del Gobierno de adoptar medidas contra las empresas que violan la ley, aunque no ha precisado el tipo de sanciones".

Ricardo Mangué se pasa el día criticando. Su llegada al cargo de primer ministro despertó alguna expectación. Es "un hombre de leyes", se dijo, y eso era algo (según ellos) frente a la absoluta nulidad de Abia Biteo. Pasados varios meses desde su nombramiento, la ejecutoria de Ricardo se va diluyendo en una serie de gestos imprecisos y de ninguna eficacia. Como todos los gobiernos anteriores, el suyo navega en el vacío, en la nada. Nada de lo que dice o hace sirve para nada, o mejor, nada de lo que dice o hace sirve para mejorar las condiciones de vida de los ecuatoguineanos. Sobre un fondo claramente autoritario (esta es su verdadera seña de identidad) todo se queda en palabras. Últimamente se ha aficionado a la crítica. Habíamos pensado siempre que la tarea de criticar correspondía más bien a la oposición, o a las organizaciones populares, y que el "ejecutivo" se llamaba así porque actuaba (no por otra cosa). Criticar a los demás, cuando se está en el gobierno, no pasa de ser un intento de eludir las propias responsabilidades y de sustituir la política por la demagogia.

El día 5 de enero Ricardo Mangué emplazó a distintas compañías europeas de aviación a corregir sus practicas en Guinea (en algún caso claramente abusivas) en el plazo de quince días. Estamos a 23 y no ha pasado nada. Ahora emplaza a las empresas extranjeras (la inmensa mayoría de las existentes en Guinea) a cumplir, esta vez sin plazos, con las leyes referidas a la contratación de extranjeros y nacionales.

Es difícil, pero no imposible, que el gobierno de un país como Guinea pueda imponer grandes cosas a empresas multinacionales que traen y llevan a personas de cualquier parte del mundo a hacer trabajos que podrían hacer con toda facilidad los ecuatoguineanos.

Es más difícil si los dirigentes ecuatoguineanos están en deuda con estas empresas que les permiten enriquecerse ilícitamente mientras ellas hacen la vista gorda y que, en reciprocidad, se creen con derecho a ignorar las leyes del país que no les convienen.

Es más difícil si la imagen que Obiang y los suyos venden por el mundo es la de un gobierno dispuesto a aceptar la versión más salvaje del capitalismo, sin limitación de ninguna clase, y en el que se incluyen los términos "paz" y "tranquilidad" para aludir, en realidad, a la total carencia de derechos de los ecuatoguineanos.

Hay, sin duda, soluciones para todo esto. Son, eso si, soluciones que están fuera del régimen... ♦  

 

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