20 de junio de 2007
NOTA INFORMATIVA
Secuestrada en Cabo San Juan una comisión del Parlamento de Guinea Ecuatorial
En virtud del proyecto de reconstrucción de las carreteras de la zona sur del distrito de Mbini y zona costera del distrito de Kogo, y cumpliendo las instrucciones y mandato del Presidente de la República el Presidente de la Cámara de los representantes del Pueblo designó y autorizó el desplazamiento de una comisión de tres diputados a la que se sumó un técnico de la Oficina Nacional de Planificación y Seguimiento de Proyectos (Ge–Proyectos), designado por su máximo responsable. La comisión tenía como misión el traslado al lugar antes mencionado al objeto de consensuar in situ las áreas de poblaciones concernidas por el proyecto y estudiar con ellas la delimitación y trazado de la carretera, desde Mboeté hasta Etembue y Ngolensok para desde este último poblado, desviarla y orientarla hacia la costa siguiendo el curso del río Etembue, que atraviesa este poblado, y continuar el trazado hipotético hacia la playa, de modo que la carretera pase cerca de las aldeas y consejos de los poblados costeros de Etembue Sur, Italo, Dyana Boteh, Mehokoloke, Italamanga, Nguele, Egombegombe, Iboto, Ewonanam, Cabo San Juan, Pume, Malandja, Bogo, Evort y Acalayong.
La comisión parlamentaria estuvo integrada por los diputados Samuel Ateba Owono (PDGE), al mismo tiempo alcalde de Mbini, Práxedes Rabat Macambo (PDGE) y Plácido Mico Abogo (CPDS), todos oriundos del distrito de Mbini, e incluía también a Genaro Elé, ingeniero del ministerio de Infraestructuras y Urbanismo, y los conductores de los tres vehículos de la comisión. A ellos se sumó la Presidenta del PDGE del distrito de Mbini, Natividad Oyana Mba.
La comisión salió de la ciudad de Mbini el sábado 14/07/2007. Tras efectuar algunas paradas de estudio del terreno en sus múltiples tramos ya prácticamente intransitables, alcanzaron Cabo San Juan sobre los 16h45 y se presentaron inmediatamente ante la población y los responsables del Consejo de Poblado, explicándoles el proyecto de desenclavarles de una zona muy aislada e inquiriéndose sobre el mejor trayecto para el trazado de la carretera. La población y sus autoridades locales manifestaron su alegría y les invitaron a una casa para un breve descanso, picar algo e intercambiar impresiones.
En este poblado playero hay un destacamento militar.
Los problemas empiezan cuando aparece un señor vestido de paisano para, sin haberse presentado en ningún momento, amonestar severamente al diputado Práxedes Rabat por tomar imágenes del lugar que servirían de soporte documental a los ingenieros del ministerio, y exigir la credencial que justifica la presencia en Cabo San Juan de la comisión. A la respuesta del diputado pidiéndole que se presentase, el señor se sulfuró y fundió en amenazas. Se juntaron con los otros dos diputados cuyos intentos por explicar al señor la razón de su presencia allí tampoco sirvieron de nada. Tales explicaciones no le convencieron ni le interesaron, a pesar de afirmar que conocía perfectamente a todos los integrantes de la comisión. Se complació en subrayar con tono altanero que, en aquella zona, él era el representante militar, el del Delegado de gobierno, el de la Seguridad nacional y el del Presidente de la Republica, por lo que si habían sido enviados por éste, ello le dejaba indiferente, porque también él había sido enviado allí por el mismo Presidente de la Republica.
Argüía que sus jefes inmediatos de Kogo no le habían comunicado la llegada de la comisión en aquella jurisdicción donde se consideraba el máximo responsable, por lo que no le constaba que tal desplazamiento fuera oficial ni legal.
Lo que inicialmente se pareciera a una broma de mal gusto fue cobrando dimensiones tan increíbles que dejaron atónitos a los visitantes. Regañó al presidente del Consejo de poblado por haberles permitido entrar sin credenciales, lo que le convertía también en cómplice de estos intrusos; arremetió contra la población allí reunida, amenazándola y prohibiéndola seguir hablando so pena de detención o maltratos; recriminó la presencia de un opositor de CPDS, Plácido Mico, en su territorio; señaló que aquel territorio pertenecía a Kogo y que las autoridades de Mbini no tenían jurisdicción allí.
Ante el cariz que habían tomado los acontecimientos, la comisión decidió retornar a Mbini. Pero, colmo de los colmos, el señor rechazó tal decisión, amenazando con tomar medidas serias si abandonaban su jurisdicción sin su permiso. Pero al intentar regresar a los vehículos a pesar de ello, la comisión se encontró con el señor, que respondía al nombre de Santiago Bacale Akieme, cabo primero de las fuerzas terrestres, con la camisa desabrochada, en posición de guardia y con la mano sobre su pistola reglamentaria, peligrosamente amenazador, quien les intimó a no acercarse a los vehículos o no respondía de él. A unos 15 metros, al otro extremo de la playa y junto a los cocoteros, estaba colocado un soldado encapuchado a lo “ninja”, de nombre Fructuoso Mba Ondo, soldado de las fuerzas terrestres, empuñando su fusil Kalachnikov y en posición de tiro. Este soldado fue divisado inicialmente por la comisión a su llegada al poblado, pero no le acordó especial atención. A él dio orden de fuego el cabo primero si alguien se atrevía a acercarse a los vehículos: ¡¡ soldado, si dan un paso más, dispara!.
Nadie de los allí presentes se creía lo que estaban viendo. Y en estas condiciones, el cabo primero, después de retirarles las llaves de los vehículos, jubilando, afirmando que un diputado no es nadie en este país, concluyó que todos quedaban detenidos; así, mantuvo secuestrados a todos los integrantes de la comisión desde las 17h del sábado hasta las 11h30 del domingo 15/07/2007, sentados en la playa, primero sobre los cayucos y desde media noche en unas sillas de plástico que les habían ofrecido los solidarios pero impotentes habitantes de Cabo San Juan. El cabo primero negó a la comisión el acceso al agua y a la comida que llevaban en sus vehículos lo mismo que a los medicamentos del diputado Samuel Ateba, enfermo. Durante toda la noche, el cabo primero y sus dos soldados, todos armados, estuvo provocando a la comisión con insultos, amenazas y ofensas de todo tipo a la vez que arremetía con la población allí reunida a la que prometía severos castigos en los días venideros; les anunció que les prohibiría la pesca. Al presidente del Consejo de Poblado le dijo que podía considerarse un hombre muerto, que él mismo se encargaría de matarle.
En la , noche, por falta de cobertura telefónica en aquella zona, los secuestrados consiguieron enviar a un emisario para alertar a las autoridades de Mbini.
Posteriormente, la comisión supo que uno de los instigadores de estos hechos era el vicepresidente del Consejo de poblado, resentido por su reciente destitución del puesto de presidente, quien habría asegurado al cabo primero que la visita de la comisión era una “visita política” clandestina, sin relación alguna con el proyecto de carretera. El factor agravante era la presencia de Placido Mico en su jurisdicción. “ lo vais a ver“, prometió.
Sobre las 11h30 del domingo, ante el estancamiento de la situación, el diputado Samuel Ateba propuso al cabo primero, a través del presidente del consejo de poblado, ya que no aceptaban negociar directamente con sus presos, que los llevase presos a Kogo. El cabo accedió a la petición y, tras acordar el itinerario y las condiciones del transporte, la caravana salió para Kogo, vía Acalayong. El cabo primero insistió en dejar uno de los vehículos en el lugar, a lo que se negó en redondo la comisión.
Pero la suerte quiso que la reacción del Gobierno fuera inmediata tras recibir la alerta, con la salida de una misión de rescate integrada por el Delegado de gobierno, el Comisario de policía y dos militares armados, con la que se topó la caravana proveniente de Cabo San Juan a medio camino. Allí mismo fueron desarmados y detenidos los militares recalcitrantes antes de ser conducidos hacia Bata.
La población de Cabo San Juan, por aquello de que no hay mal que por bien no venga, y tomando por testigos a los propios diputados, denunció directamente los constantes atropellos, insultos, maltratos, la represión y la intimidación de que son víctimas silenciosas por parte de los soldados de la zona. “Si nos hacen esto en vuestra propia presencia, imaginaos lo que ocurre en vuestra ausencia”, dijeron, pidiendo encarecidamente a los diputados que transmitieran esta queja y estos hechos a las autoridades competentes con el fin de poner término a este suplicio. Y sin embargo, en su informe, los diputados del PDGE no quisieron incluir esta petición del pueblo que representan.
De hecho, a la llegada de la comisión a Cabo San Juan, el cabo primero y sus soldados mantenían detenida una embarcación con sus tres tripulantes y tres mujeres que se encontraban en ella, aduciendo que el manifiesto de la Marina no mencionaba la presencia de tres mujeres a bordo.
En realidad, estos hechos dan idea del estado mental de las autoridades de nuestro país e ilustran sobradamente el modo de funcionamiento de nuestras instituciones, la gravísima deriva y la total pérdida de valores que ha experimentado la sociedad de Guinea Ecuatorial bajo el régimen del PDGE. De haberse tratado únicamente de personas de la oposición, como ocurre a diario en toda nuestra geografía nacional, el hecho hubiera pasado totalmente desapercibido o incluso negado por las autoridades del país.
|