4 de septiembre de 2006
ECOS DEL PARLAMENTO
Algunos apuntes sobre los discursos de la Sesión Inaugural del Segundo Periodo de la Cámara de Representantes del Pueblo y punto de vista de CPDS respecto al Programa del Gobierno del Primer Ministro
En la sesión inaugural del 2º periodo de sesiones ordinarias de la Cámara de los Representantes del Pueblo de Guinea Ecuatorial, los discursos pronunciados por el presidente del Parlamento Salomón Nguema Owono y el Jefe del Estado Teodoro Obiang Nguema se caracterizaron por su moderación en los contenidos y la cautela y contención en la gesticulación de los oradores. Por supuesto que no creemos que de la noche a la mañana hayan cambiado las cosas. No. Sin embargo, a ojos de observadores avisados de la política de nuestro país, se puede señalar que algo puede empezar a moverse en el sentido de que la visible crispación en la forma de pronunciarse públicamente Obiang y los suyos no es ahora la misma. Ninguno de los dos oradores mencionó a los enemigos internos y eternos de siempre. ¿A qué se debe ese incipiente cambio? ¿O será que por las ganas que tenemos los demócratas de que haya un cambio real empezamos a ver espejismos, pueden pensar los críticos declarados de nuestra formación política? La respuesta a estas preguntas es difícil, pero creemos que la decidida y sincera actuación de los dos diputados de CPDS en el parlamento tiene bastante que ver con las nuevas actitudes de los detentores del poder, porque sin complejos por su reducida presencia en la Cámara, simple cuestión aritmética, no se arredran en debatir y plantear aspectos de gran incidencia en nuestra sociedad: corrupción, escasez de libertades públicas, fraude sistemático en las elecciones, opacidad en la gestión de la cosa pública, etc...; aspectos que muchos de sus adversarios políticos en el parlamento y fuera de éste hacen suyos íntimamente y que por el qué dirán, miedo a perder el escaño o cualquier otra sabrosa canonjía, no se atreven a pronunciar en público; pero que cala en sus ánimos el desparpajo parlamentario de los compañeros Plácido Micó y Celestino Bacale es un secreto a voces, y que por las expectativas que despierta su discurso en la población podríase pensar que son la mayoría, pero no y sí las razones incuestionables del trabajo bien hecho.
Por supuesto que no echamos las campanas al vuelo, faltaría más, pero como se dice en fang “los palos que lanzamos al bosque matan pájaros”. O puede que haya comenzado a rodar la famosa hoja de ruta trazada por el imperio, que podría ser. Mientras tanto, a trabajar y perseverar en el empeño por un cambio democrático en Guinea Ecuatorial.
En relación con el discurso del primer ministro, sirve el comentario anterior pero con sus matices. Ricardo Obama Mengue se dirigió a la Cámara de los Representantes del Pueblo para pronunciar el discurso programático sobre la acción de su gobierno para los próximos años. Lo primero que saltó a la vista en el discurso del nuevo jefe del ejecutivo fue la seguridad en sí mismo al dirigirse al pleno del parlamento, y allí se notó el primer contraste con respecto a sus predecesores: sabía lo que decía. Segundo: empleó alrededor de una hora en la presentación de su programa de gobierno diciendo cosas que, por ejemplo, Abia Biteo no se hubiera atrevido a decir por, a lo mejor, miedo a exponerlas o simplemente por incapacidad intelectual. Y, tercero: daba la sensación de que realmente tenía algún poder para expresarse como lo hacía, afirmando taxativamente que estaba en disposición de cumplir cabalmente sus promesas; amén de que las respuestas que dio, algunas con más fortuna o acierto que otras, dieron cauce a un esbozo de debate con el secretario general de CPDS que promete mucho en el futuro.
Por su parte, el portavoz del Grupo Mixto, Plácido Micó, estuvo en lo suyo: reflexionar en voz alta y sin tapujos las dudas razonables que el programa del primer ministro plantea a cualquier político sabedor de lo que realmente ocurre en Guinea Ecuatorial y cómo las cuecen y gastan los que mandan cuando alguien pretende salir del tiesto, o sea, tratar de hacer las cosas distinto. De allí las pertinentes observaciones que hizo sobre los Presupuestos Generales y los de las entidades autónomas y empresas públicas o con participación del Estado (GEPETROL, entre otras), la lucha contra la corrupción, además de destacar los escasos montos económicos destinados a sanidad y educación; o desear que la subida salarial a los funcionarios hubiera llegado al 100% habida cuenta de la enormidad de los presupuestos para el año 2007, porque las partidas económicas adjudicadas a los sectores antes indicados o el aumento salarial a los funcionarios, poca o ninguna incidencia tendrán en estos sectores básicos de la sociedad, ni acabará con la corrupción que lastra la administración pública guineana.
Por otra parte, las preguntas que se hace el hombre de la calle son muchas y variadas, ¿le dejarán hacer los poderes fácticos?, ¿por dónde empezará en su lucha contra la corrupción, por arriba o por abajo? Estas preguntas y otras deberá responderlas el primer ministro con prontitud para que la población empiece a creer que sus promesas no fueron un brindis al sol, y que su designación al frente del ejecutivo no resulte un bluf y el programa de gobierno que presentó ante el pleno del parlamento, bueno en la forma, no termine como el rosario de la aurora, o lo que es lo mismo en agua de borrajas. En nada.
Y se abre otro interrogante, ¿qué hará el primer ministro si no se le deja las manos libres para que pueda ejecutar su programa de gobierno? ¿Se dejaría llevar, como hicieron los anteriores, y no plantar cara a quienes entorpecieran su tarea diciéndoles hasta aquí hemos llegado? ¿Lo haría? Porque no basta hacerse la víctima y echar la culpa a los demás. El ejercicio del poder político, o cualquier otro, supone tomar riesgos para obtener resultados, que pueden ser buenos, regulares o simplemente malos, pero hay que mojarse las posaderas para poder decir que por lo menos lo intenté y no llorar, como lo hizo, el rey Boabdil, llamado “El Niño”, cuando en las colinas de Granada vio por última vez la bella ciudad. Su madre le recriminó diciéndole “lloras como mujer lo que no pudiste defender como hombre”.
No me han dejado. Es lo que en círculos íntimos han hecho y dicho los antecesores de Mengue Nfubea. No deseamos en absoluto que le ocurra lo mismo a Ricardo Obama Mengue. Su triunfo sería el de todos los guineoecuatorianos.
En otro orden de ideas, los gobernantes de Guinea Ecuatorial se olvidan con harta frecuencia que el liderazgo es servicio en beneficio de los demás, y en lugar de hacer uso del arte de la autoridad que consiste en que la gente haga la voluntad de uno voluntariamente, porque se les ha pedido que lo hagan ,“yo por Luis haría cualquier cosa“, prefieren recurrir al ejercicio del poder puro y simple que es todo lo contrario: la capacidad de forzar o coaccionar a alguien para que éste haga la voluntad de uno debido a su posición o fuerza. “Si no haces eso...” La definición de los dos términos tiene su miga, porque mientras la autoridad se define como un arte, el poder es una capacidad . Ejercer el poder no exige inteligencia ni valor y la prueba está en que el mundo está lleno de gobernantes viles y estúpidos a lo largo de la historia. Se puede estar en una posición de poder y no tener autoridad sobre la gente, porque el poder se puede comprar y vender y se puede dar y quitar. En cambio, conseguir tener autoridad sobre la gente no está al alcance de cualquiera porque requiere una serie de cualidades especiales. ¿A qué optará el nuevo primer ministro? Esperamos sinceramente que elija la primera opción.
CPDS, como dijo su portavoz en el parlamento, hace votos por que cambien para bien las cosas en Guinea Ecuatorial, porque cuando funciona bien un país, funciona para todos. |